domingo, 3 de mayo de 2009

DE COMO LETICIA CAYO EN LOS BRAZOS DE SERGIO

Aprovechando la extensa convalecencia de mi padre en la clínica, me pude sacar algunas dudas en la charlas que sostuvimos a la espera de una mejoría que viene a paso lento.

Si bien hace unos treinta días que está en cama, mantiene un humor envidiable y una memoria increíble.

Empecé pidiéndole ayuda para ir lo más lejos posible con el árbol genealógico que estoy armando, aprovechándome de un programa muy fácil de usar en el sitio www.miparentela.com. Me dio los nombres y apellido de abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, tíos y primos, tanto de parte suya como de mi madre y pude llegar a 68 personas que forman parte de nuestra familia.

Hablando de mi madre, siempre me resultó intrigante saber cómo se habían conocido, en qué circunstancias y como habían comenzado su relación.

Cuando se generó el clima apropiado, no dudé en preguntarle y el "viejo" me dio algunos detalles.

Corría el año 1955 aproximadamente. Hacía un año que había llegado a Devoto -venían de Colonia San Bartolomé- para trabajar en SanCor junto a dos de sus hermanos: Hilario y Oscar.

Precisamente este último vivía en una casa justo frente a la de Carlos y Dominga Peretti, a la sazón, mis abuelos.

Era una casa muy humilde y no la pasaban nada bien en lo económico. Carlos, el papá de mi madre estaba muy enfermo de cáncer y Dominga, la madre, postrada en una silla de ruedas -que es como yo la recuerdo-.

En las visitas a su hermano, Sergio -mi padre-, un joven flacucho y simpático, de 23 años, con unos finos bigotes y muchas ambiciones, quedó flechado por Leticia -mi madre-, que con sus 29 años, lucía muy, pero muy bonita.

Siempre me pregunté porqué había llegado a esa edad soltera en épocas en que las mujeres se casaban muy jovencitas. Alguna vez escuché algo de un novio músico que se fue a otro país, Chile creo, y nunca más volvió. Eso no me animé a preguntárselo todavía a mi padre. Mejor espero que esté más repuesto.

Lo cierto es que el flaquito que venía de Colonia San Bartolomé, con sus 23 añitos se le animó a Leticia y comenzó a "tratarla", como decían en la época.

Si algo no se puede negar en la personalidad de Sergio es que, cuando quiere a alguien, es capaz de dar lo que no tiene.

Y algo de eso sucedió cuando ganó una máquina de coser en un sorteo que se hizo en San Bartolomé.

Leticia y Avelino -su hermano, o sea mi tío- tenían problemas para obtener la demorada jubilación de mi abuelo Carlos. Tenían que viajar a Buenos Aires. Por supuesto, no tenían una moneda para hacerlo.

Y ahí apareció Sergio, vendiendo la máquina de coser. Obtuvo unos $ 1200 y se los dio para que viajen.

Lo hicieron y trajeron la jubilación, que luego del fallecimiento del abuelo se transformó en pensión para la abuela y una mejor calidad de vida para todos.

Después de semejante acción, Leticia cayó en los brazos de Sergio. Lo que vino fue el noviazgo de costumbre y en 1959, un 8 de enero, casamiento.

Poco más de 10 meses después, apareció el autor de estas líneas, pero de eso les hablé en el posteo anterior.

1 comentario:

  1. re lindo papi la historia...mira vos al abuelo, todo un galan!!besitoss..tu hijita (mayor)preferida..

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